Política para la Democracia

Política para la Democracia

Artículo publicado en www.cuartopoder.es por María Garzón, Portavoz y Alberto Novoa, Secretario de Organización de
Actúa

Decía Albert Einstein que la locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener
resultados diferentes. Las pasadas elecciones generales, municipales, autonómicas y europeas no sólo han arrojado los resultados ya conocidos y que derivarán en los correspondientes acuerdos de gobierno en España, ayuntamientos, comunidades autónomas y en la nueva composición del Parlamento Europeo, sino también una sentencia al espacio político a la izquierda del PSOE: “Dejad de hacer lo mismo porque cada vez los resultados son peores”.

Se ha cerrado un ciclo electoral que arrancó en 2014 y que ha demostrado que la estrategia de las denominadas “confluencias” ha fracasado, que la sustitución de las ideas por el cálculo de resultados electorales tiene el alto precio de la desaparición, en el caso de Izquierda Unida y Equo, y que la contradicción entre lo que se propone y lo que se demuestra lleva a la pérdida de credibilidad y a la implosión, en el caso de Podemos.

Aún así, es posible una salida de progreso frente a las disputas de las derechas por quién asume el liderazgo de la oposición y frente a la amenaza de que la extrema derecha pueda llegar a condicionar políticas o incluso asumir responsabilidades de gobierno.

El interés y la dedicación por conseguir una estabilidad en los gobiernos que se den a todos los niveles debe situarse por encima de la descomposición interna de algunas fuerzas políticas de la izquierda transformadora. Si no fuera así, la historia y la ciudadanía progresista no lo perdonarán.

Desde Actúa venimos planteando lo mismo desde 2016: unidad de acción para gobiernos de progreso, que no es lo mismo que unidad de composición. El modelo portugués es el claro ejemplo de que sí se puede enfrentar una situación de crisis económica y de expolio de las políticas de empobrecimiento de la Unión Europea, y además crear empleo, mejorar los servicios públicos y, por tanto, la calidad de vida de la gente. En Portugal, las fuerzas progresistas han tenido visión de estado, altura de miras, conciencia de que su labor política debe situarse por encima de los intereses partidistas o de las disputas internas por los liderazgos.

En Actúa advertimos de que, si el cambio para conseguir gobiernos de progreso no se producía y si la moción de censura no aportaba estabilidad y posibilidades de cambio, participaríamos en los procesos electorales que se avecinaban. Y así lo hemos hecho, aún sin cosechar los resultados anhelados, para constatar la idea de que hay un espacio social huérfano de propuesta política entre el PSOE y PODEMOS, hoy reducido por el llamamiento interesado al voto útil y del miedo. Pero no sólo esto, hemos podido comprobar que los nuevos proyectos políticos tienen irremediablemente que tender hacia lo colectivo, alejándose se los liderazgos individualizados y, por qué no decirlo, del culto al ego de aquellos que representan al partido.

La nueva política está aún por llegar y será aquella que anteponga el bien común, que sepa trabajar desde la primera persona del plural, desde la pertenencia al grupo y no desde el individualismo narcisista.

En Actúa teníamos claro que esta primavera electoral era sólo el inicio de un trabajo mucho más de fondo, el de sentar las bases para dar ese giro necesario al ejercicio de LA POLÍTICA en tiempos de desafección, desconfianza, individualismo y fake news. Bases que asienten en nuestro país la conciencia colectiva de que necesitamos hacer Política para la Democracia.

Para quienes hoy formamos parte de Actúa, es un éxito haber obtenido votos en todas las provincias en las elecciones europeas, tras sobrevivir al bloqueo informativo legalmente establecido en medios públicos y deliberado en medios privados, con una campaña austera, frente a las inversiones infinitamente mayores de los grandes partidos en un momento en el que lamentablemente “el dinero te abre muchas puertas”. Marca un suelo electoral desde el que comenzar a contribuir a la construcción de la izquierda del siglo XXI que España necesita.

Estamos en el punto de inflexión de la izquierda española, y probablemente, de la izquierda más allá de nuestras fronteras. Insistir en las mismas estrategias sólo nos llevará a nuevos fracasos y a la insignificancia, cuando no a la desaparición. No alzar la vista para enfrentar los retos de futuro sólo servirá para permanecer en la zona de confort de una romántica resistencia que se autocomplace en los simulacros de autocrítica.

La situación exige análisis, reflexión, identificación de desafíos, proyecto y elaboración de propuestas. Los próximos años se verán marcados por el desplazamiento del eje dominante en el modelo de globalización entre occidente y oriente, por el desarrollo, transformación o descomposición del modelo de Unión Europea, por el desarrollo federal de un modelo territorial para España que garantice la igualdad de oportunidades desde la solidaridad y la financiación autonómica suficiente de servicios públicos para la convivencia, por el compromiso para un municipalismo adecuado a una realidad de desigualdad que provoca la contradicción entre grandes urbes y la España vaciada. Ante todo esto y lo que representa, debe situarse y dar respuesta la izquierda transformadora, desde posiciones comunes y con instrumentos diversos, pero con claridad, compromiso y respeto entre las partes.

Todo ello acompañado de una realidad creciente de sensibilización por parte de las nuevas generaciones de jóvenes con el feminismo y la lucha contra el cambio climático, a la que habría que sumar la necesidad de un nuevo contrato social que dé respuesta a los retos de las nuevas formas de trabajo, los derechos laborales, la revolución 4.0, la transición energética o el inevitable cambio en el modelo productivo.

La izquierda tiene que afrontar grandes retos en los próximos tiempos para seguir seduciendo a esa parte de la sociedad que se niega a renunciar a los valores de libertad, igualdad y fraternidad. Es su oportunidad de demostrar que es posible hacer política mejor y desde una posición más ambiciosa que la de los límites que marca cada partido o el espectro político o ideológico que se ocupa. En definitiva, es el momento de dejar de mirarse a uno mismo y mirar hacia un horizonte plural.

No es idealismo, es la puesta sobre la mesa de un diagnóstico y la propuesta de un camino hacia la solución. Si ya hemos reaccionado, sólo nos queda actuar.

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